Tuesday, 7 July 2015

Febrero y los catarros

¡Hola caracolas!

En entradas anteriores (estáis leyendo esto con la voz en off de vuestra serie favorita, y lo sabéis), María y Gemma os han regalado reflexiones sobre diversos temas tales como la lingüística o una larga lista de libros (todos más que recomendables). En lo que a mi respecta, vengo a traeros un poco de prosa de cosecha propia, fruto de un día de invierno en cual el aburrimiento y un resfriado del copón decidieron hacerme bullying. Si, ahora que estamos en medio de esta ola de calor africana el título viene al pelo, lo sé. En fin, allá va:

Dicen que a lo largo de una situación difícil, sorprendente o dura de procesar, el cerebro, con tal de hacernos las cosas más fáciles, decide dividir el golpe en etapas. Pasamos por diferentes estados odio, tristeza... hasta reunir el suficiente valor para aceptar la realidad. Yo digo que nada es real hasta que no escribo sobre ello, así que ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre. Estoy enferma. 
Si, habéis leído bien: enferma. Quizá sea el hecho de que soy una exagerada nata o la fiebre que habla por mí pero desde luego, no puede tener otro nombre. Se ha colado por mi cuerpo como lo haría el frío de una tarde de Enero, ha hecho saltar las alarmas de mi sistema inmunológico y ahora todo está patas arriba. Es la gripe odiosa de última hora que tanto he intentado evitar coger y aunque me he atiborrado a antibióticos, no hay manera de que se vaya. Ya está, ya lo he dicho. Ahí lo tenéis: aceptación. 
Ahora bien, como persona que lleva cerca de cinco minutos en la zona de "aceptación" dejadme deciros algo. Toda esa historia que os cuentan sobre que "una vez aceptas la realidad todo empieza a ir sobre ruedas" es mentira. Todo continúa patéticamente igual, no importa cuantas pastillas tomas o cuantas etapas consigues que tu cerebro salte. Y para ese entonces, yo ya estoy tan acostumbrada a levantarme con dolor de garganta que se que el día que no lo haga me asustaré. ¡No tienes síntomas, estás curado! De nuevo, otra mentira popular. No tener síntomas es m-a-l-o. No soy médico, pero tampoco me hace falta serlo. Se lo que eso significará. Se habrá ido, y lo habrá hecho de la misma manera en la que vino; sin avisar. Un día, me levantaré, cansada, como si un remolque me hubiese pasado por encima y ya no estará. Dejaré de estar enferma para estar sola. 
La aceptación es una mierda. No es decir en voz alta o por escrito las cosas que no quieres susurrar en tu mente. Aceptación es yo saliendo a la calle sin chaqueta una tarde de Febrero por que le echo de menos. 
Esta es mi primera entrada así que sed benévolos con mi virginidad bloggera. ¡Saludos!